¿Dónde queda el amor? El amor de verdad, ese que no depende de una última conexión, ese en el que los tortolitos se dan tímidos besos en el portal en vez de mandarse míseros emoticonos. Por esas tardes andando hacia ninguna parte y riendo de las tonterías que se dicen para llenar los incómodos silencios. No entiendo que está pasando, la gente por la calle va mirando la pantalla de su carísimo móvil y no se da cuenta de que la vida pasa. Los amigos, cuando quedan hablan por WhatsApp... ¿Estamos tontos?
Me desespero, en verdad, como ya dijo Einstein, el día que la tecnología sobrepase a la humanidad tendremos una generación de idiotas y eso es lo que somos, simples idiotas.